MATERNIDAD, CUERPO Y ACEPTACIÓN

Hace algunos días subí una foto que causó algo de polémica. En la imagen me muestro usando la misma ropa a las 39 semanas de gestación (2 días antes del parto) y a los 20 días post parto junto a mi hija Leonor. Al momento de publicarla, no estaba consciente de que se trataría prácticamente de un ejercicio proyectivo… Este es el post:

No voy a desplegar falsa modestia ni mucho menos. Siendo honesta, creo que me veo súper bien en ambas fotos, y la gran mayoría estuvo de acuerdo conmigo, pero me llama la atención que el foco de los comentarios estuvo puesto casi exclusivamente en mi abdomen o lo delgada que estaba. ¡Yo veo mucho más que eso!, y de hecho, lo menciono en el caption. Me parece sorprendente que mi cuerpo haya tenido la plasticidad y generosidad de transformarse para dar vida y luego para nutrir a ese ser humano. ¡Es casi mágico!, un milagro dirán algunas. A la izquierda la tengo dentro de mí y a la derecha, en mi brazos, frágil, indefensa y dependiente, aferrándose a la vida y aprendiendo cada segundo cómo ser parte de este mundo. Estas imágenes son un testimonio de mi camino por la maternidad, y esa fue mi principal intención al compartirlas con ustedes.

Siempre las leo a todas, y me preocuparon algunos comentarios en que expresaron su molestia por generar expectativas poco realistas y contribuir a la presión que ejercen las redes sociales sobre las mujeres por alcanzar cuerpos perfectos luego de dar a luz. Por eso, y sobre todo porque hoy soy madre de una niña, sentí la responsabilidad de escribir este artículo, en un estilo muy diferente a lo que estoy acostumbrada a publicar mi blog. Hoy quiero (y me atrevo) a compartir con ustedes unas imágenes que preparé junto a la fotógrafa Rocío Aguirre de recuerdo de mi embarazo y les voy a revelar un gran secreto.

Como les dije, pienso que me veo estupenda en el antes & después, pero mi cuerpo de la derecha está lejos de parecerse al que tenía antes del embarazo, en que pesaba al menos 7 kilos menos y estaba mucho más esbelta y tonificada (las incrédulas pueden darse la lata de revisar fotos antiguas de mi Instagram). ¿Y saben qué? ¡Me da lo mismo! Me he sentido fascinada con todas las transformaciones que ha tenido mi figura desde el comienzo del embarazo. En vez de lamentarme por no verme delgada, acepté con entusiasmo mis nuevas curvas y adopté -con humor- un estilo más Kardashian. Así, mi closet se llenó de vestidos ajustados y hubo días en que me sentí más sexy que nunca.

Photo by Rocío Aguirre

No voy a ser hipócrita. Me encantaría recuperar mi cuerpo de antes, pero no estoy ansiosa por lograrlo de inmediato, ya que si sometiera mi cuerpo a dietas y ejercicios excesivos, podría poner en riesgo la lactancia materna exclusiva. Pero además de este argumento biológico y racional, creo que no estoy ansiosa porque NUNCA (así, con negrita y en mayúsculas) he puesto “todas las fichas” de mi autoestima en la imagen física, y esta es una de las razones:

Photo by Rocío Aguirre

¡Justo cuando pensaban que no podía mostrarme más desnuda! LOL.

Cuando niña, casi a los 2 años de edad, sufrí un accidente con agua caliente y tuve una quemadura B (profunda) sobre mi hombro izquierdo y gran parte de mi espalda. Me he sometido a muchas cirugías, primero para salvar mi vida, y luego reconstructivas estéticas y funcionales. Sin duda, esta quemadura, que ha sido parte de mí casi toda la vida, ha influido en el desarrollo de mi identidad, pero nunca ha definido por completo quien soy, y esto se lo debo fundamentalmente a mi madre.

Recuerdo con claridad una escena de mi infancia en la playa, en que me puse bikini y mi mamá me dijo “si te dicen o preguntan algo por tu cicatriz, diles que te quemaste con agua hirviendo y listo”, luego, me puso mucho bloqueador y partí a hacer nuevos amigos como si nada. De esta manera, la cicatriz nunca fue tema. Nunca, ni siquiera durante mi adolescencia. Mis amigos y compañeros podrán confirmar que siempre vestí lo que quise y jamás me limité de usar una tendencia por vergüenza a exhibir mis heridas (de hecho hasta el día de hoy me “suben al columpio” por algunas de mis excéntricas elecciones de moda). En la universidad salía a bailar con poleras sin mangas, y nunca me sentí rechazada por mi aspecto físico; y en mi matrimonio, usé un vestido del fallecido diseñador español Manuel Mota, con un escote en la espalda de infarto.

Pero creo que la intuitiva sabiduría de mi madre no se trató de una activa negación de mi quemadura, sino más bien de un sano ejemplo de autoestima femenina. Cuando niña nunca la vi haciendo dietas, ni la escuché quejarse de su peso o de algún defecto físico, y menos aún criticar el aspecto corporal de otras mujeres. En mi casa siempre se promovió la educación y el libre pensamiento, así como el deporte y un estilo de vida saludable, pero sin discursos, siempre como algo implícito y que se daba con mucha naturalidad. De esta manera, el sentido del éxito y la realización no estaba supeditado al verse bien, sino que más bien al sentirse bien.

Algunas se preguntarán por qué oculté esto por tanto tiempo, y la razón es simple: quise hacerme conocida por mi estilo y sentido de la moda, sin distracciones. No obstante, hoy creo que mi ejemplo le puede servir a muchas de ustedes.

No me las quiero dar de hippie o anarquista extra-sistema y decir que la imagen no me importa. Si así fuera, no sólo no sería fashion blogger, sino que tampoco me depilaría o usaría maquillaje en la vida cotidiana. Lo que quiero transmitir es que no debemos darle un protagonismo excesivo a la apariencia corporal. Todas podemos vernos y sentirnos bien pese a no tener cuerpos perfectos, pese a tener kilos de más y pesé a tener defectos y cicatrices.

Yo me siento muy orgullosa de decir que soy un ejemplo de ello.

La sociedad ha impuesto a las mujeres – históricamente- estándares de belleza estrictos y muchas veces inalcanzables, provocando crisis de autoimagen y autoestima en los momentos más trascendentes del ciclo vital femenino, como lo son la adolescencia, el embarazo, la maternidad y la vejez, y sólo nosotras podemos liberarnos de estas ataduras, entre nosotras, a nuestras hijas y a nosotras mismas.

Dress: Loraine Holmes | Photo by Rocío Aguirre

Por último, te pido que vuelvas a ver la imagen del antes & después y me digas si sigues viendo lo mismo. ¡Pura vida! ¿O no?

Como siempre, ¡quedo atenta a todos sus comentarios!

Xx. Ignacia.